Nuria Amat o el infierno de la pasión por José Miguel Oviedo

 

 

 RESEÑA A POEMAS IMPUROS. Ediciones B.

Nuria Amat es una escritora multifacética. Es más

conocida por sus novelas, que registran sus experiencias en ambientes tan

diversos como el mundo en el que se formó (El pais del alma, 1999) o la

Colombia de la violencia retratada en Reina de América (2002); pero cultiva

también el teatro, la crítica (es autora de un ensayo sobre Juan Rulfo) y

ahora la poesía. El libro que acaba de publicar en este género se titula

Poemas impuros y es realmente el primero, porque el anterior, Amor infiel

(2004), recoge sus versiones libres de poemas de Emily Dickinson. El

presente libro es una obra notable, en verdad excepcional. Se trata de una

colección consagrada, en un grado absoluto y obsesivo, al tema amoroso.

La pasión erótica es examinada con tanta intensidad como minuciosidad. La

sensación de que estos poemas, generalmente breves, son parte de un

diario íntimo se acentúa porque carecen de título: son como fragmentos de

un discurso amoroso, de una angustiosa reflexión cuyo flujo no tiene

principio ni ni fin.

 

 El carácter confesional de los textos es su rasgo más

profundo y explica la irresistible urgencia.de su tono: no nos permite

olvidar la proximidad entre lo vivido y lo escrito. ¿Por qué son «impuros»

estos poemas? Tal vez porque son una vía para conjurar el recuerdo de algo

perturbador y oscuro que la poeta no puede soportar más a solas; un

epígrafe reza: «Tu impureza es la puerta del olvido». Pero también puede

pensarse en una noción opuesta a la vieja fórmula del «puro amor», en el

sentido de sentimiento sin mezcla, medida ni término. Frente a ese amor

idealizado, tenemos este amor por esencia precario, dolorosamente

impefecto, con plazos siempre inminentes; una contrariedad sin remedio,

una experiencia aciaga y turbia, un malestar casi traumático. Quizá más

propio sería hablar de desamor, ya que la idea del placer y la felicidad ha

desaparecido casi por completo. Sólo quedan la inquietud y el malestar. La

poeta encarna la gran paradoja amorosa: aunque bien sabe que va a volver

a infligirse las mismas heridas de antes, siempre se deja seducir por sus

 

quimeras y promesas, repitiendo así un ciclo tormentoso del que no puede

escapar.

 En un poema, la vemos ceder (o imaginar que

cede) a la tentación del encuentro fortuito: «Un hombre me sonríe / delante

de un semáforo, / yo adelanto mis ojos, / mejor no digo nada», y después

resignarse a lo inevitable: «a la sorpesa de los amores contrariados, / no

existe dulzura ni esperanza». Como puede verse por esta cita, su poesía

usa un vocabulario que básicamente pertenece al lenguaje de todos los

días; la complejidad está en los sutiles sentidos, relaciones y ritmos que

logra arrancar de ellas: «Lo que toco / se desvanece, / lo que amo / se

estropea. / Mi conflicto con la vida / es tan agudo / que, entre amar y

matar / apenas veo la diferencia / de una letra». Hay una perturbadora

asociación entre esos amores que la asoman a un infierno tan temido como

deseado y el pensamiento de la muerte; hallamos referencias al homicidio o

al suicidio, considerados como salidas a relaciones y conflictos ya

insostenibles. Todo es incierto y confuso: mientras ahora la abraza alguien

que ama, languidece por el que la dejó para siempre. Esa morbidez, esa

exasperación, esa zozobra visceral crean un clima que nos recuerda la

poesía de Alfonsina Storni (en sus libros maduros), Alejandra Pizarnik,

Emily Dickinson o Blanca Varela, voces que comunican la tortura recóndita

de la pasión amorosa.

La mención a estas poetas mujeres nos presenta la cuestión de la expresión

literaria «femenina» o «feminista». Aparte de lo discutible de la expresión

«literatura femenina» (pues supone que habría una «literatura masculina»),

la actitud de Amat es del todo ajena a una versión programática de lo

femenino; su sensibilidad corresponde a su condción de mujer, pero el alto

mérito de su poesía no reside en eso, sino en el valor moral y literario de

escribir con un ejemplar despliegue de su libertad creadora para mostarnos,

sin prejuicios ni pudores, cómo ama y cómo juzga su propia conducta. Al

hablar de sí misma y presentarse tal cual es -con su «carne climatérica»,

«el somnífero del almuerzo» y otros agravios del tiempo-, produce un

efecto desgarrado y desgarrador: el de una voz traspasada por el

inconfundible timbre de la verdad humana, que es siempre impura.

 

 

2 comentarios hasta ahora

  1. Mario Waits on

    Felicidades por tan magnífico poemario.

  2. namat on

    Gracias, Mario.
    Ganar un lector es el mejor regalo.
    Nuria


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